Prologo
Algún día, alguno de estos días me despertaré sin sentir un vacío dentro del alma, le secaré las lágrimas y me arrodillaré delante de ella, le pediré perdón por el daño innecesario y todo el tiempo que la dejé sin sentir. Aún vive en mi el recuerdo de aquel que me robó el corazón, que sacó suspiros en momentos inadecuados, que al poner sus dedos en mis labios callaba al universo y se sentía solamente la verdad de un adiós, se callaba el mundo tratando de gritar no.
Te acuerdas alma mía que iniciabamos la mañana pensando en aquel individuo y terminabamos al atardecer cerrando los ojos y soñando bajo un cielo anaranjado las cosas que podríamos hacer junto a él; debes acordarte, que en pleno estío nuestra sonrisa era fresca como hoja de eucaliptus, era una brisa de sinceridad y entrega, el mar las confudía y todo nos confudía con el término fugáz.
Pero sería cruel de mi parte someterte a los vestigios de aquel sentimiento, a los despojos que quedaron tirados y quebrados por el suelo que cubre nuestra sangre, procuraré que no vuelva a pasar, si aún nos quedará vida, no volvería a pasar esto...